Texto de Esmeralda Pérez


Residencia artística corta

ACCIONArar

Espacio Rural de Inter-cambios

 26-28 de agosto de 2013

Anolaima, Cundinamarca, Colombia.

 

 

Experiencia sobre la residencia artística

Esmeralda Pérez González Tamiz

México DF.

 

En Armenia, me habían comentado que Anolaima era un lugar de clima cálido, un espacio rural y había que caminar 40 minutos; era todo el referente que tenía al respecto. Decidí no investigar y dejarme llevar por la sorpresa.

El día 26 de agosto, tomamos el transporte rumbo a Anolaima Tzitzi, David y yo. Desde la llegada al pueblo fue extraordinario, se percibía el aroma campirano del lugar y la amabilidad de su gente.

Después, de una trayectoria a pie desde el pueblo a la finca, por fin la conocí; un espacio acogedor, lleno de tanta naturaleza, frutos, sembradíos, aves e insectos, que me dejaron maravillada. Me sentí totalmente relajada y en confianza al lado de Tzitzi y David que muy amablemente me ofrecieron esta residencia y platicamos por la tarde un poco en cuanto al performance art; pude checar algunos libros muy interesantes acerca del performance que son parte de la biblioteca que va en incremento de ACCIONArar.

El día siguiente,  por la mañana recorrimos la finca, y me llamo la atención por su color, forma y el sonido que generaba las hojas de plátano secas, inmediatamente pensé en hacer algo con ellas, tome un fragmento entre las manos y la estruje, me fascino el sonido y como este fragmento se reducía a una expresión menor. Este fue el detonador de la primer pieza realizada en la residencia.

Otro elemento en Anolaima que me llamo la atención fueron las piedras que existen ahí, desde la llegada al pueblo se hicieron notar; ya en la finca pude observarlas, tocarlas y al rozarlas una con otra, pareciera que fueran tizas, en donde una piedra puede utilizarse para escribir sobre otra piedra, me pareció interesante y durante el transcurso del día pensé en como utilizarlas.

Una vez terminado el recorrido, Tzitzi me ayudo a recolectar hojas de plátano secas que se encontraban arrumbadas, y llevamos las suficientes al jardín, con hilo, tijeras, una silla y un sombrero para el sol; fue suficiente para comenzar a darle forma a la idea que ya tenía en mente. Tras varias horas de trabajo, y con la autonomía que me ofreció ACCIONArar, termine la falda de hojas de plátano y la silla termino formando parte de la acción. Un cuerpo desnudo que es cubierto por estas hojas, y que crece al estar sobre la silla, comienza con un movimiento oscilatorio y que el cuerpo comienza a estrujar contra si mismo, fue creando una atmósfera sonora que iba in crechendo, al comenzar a desintegrar o reducir su estructura física.

Al final, este cuerpo desnudo, palpitaba enormemente, y se cubrió con las hojas trituradas por el cuerpo y la boca, ahora solamente era cuestión de regresar al estado anterior a la acción; así que sobre el pasto verde y cobijada por los fragmentos de hojas que dejaban entre ver solo ciertas partes del cuerpo, y la respiración agitada comenzó a descender al igual que el ritmo cardíaco, y regresar a su normalidad. Esta experiencia, fue muy gratificante, al permitirme que el cuerpo y la materia interactuaran de tal forma que me genero un estado de éxtasis.

 

Por la noche, tras reflexionar sobre el paro nacional, que viví en Bogotá días antes, y analizando Anolaima, como un zona de producción de frutos, y de quienes hacen posible que estos lleguen a los varios hogares para su alimentación, tome conciencia del esfuerzo que realizan los campesinos para hacer esto posible. Así que, tome una linterna de minero que traía, una carretilla que me facilitaron, y salimos de la finca rumbo al pueblo al ocultarse el sol. Durante el camino de terracería fui recolectando diversas piedras, que conforme avanzábamos pesaban cada vez más; David con su dispositivo sobre los ojos, percibía mi cansancio y me iba ayudando con la pesadez de la carretilla que iba cuesta arriba, solo ciertas palabras eran necesarias, un poco a la izquierda  y derecho. El agotamiento por el esfuerzo físico fue fulminante, pero quería llegar a la plaza central del pueblo con la carretilla llena de piedras en alusión al trabajo campesino.

Por fin al llegar a la plaza, descargue con cuidado las piedras que coloque sobre el escudo de Anolaima, las puse en varias líneas rectas, para escribir sobre las que mejor posibilidad me ofrecían de escribir; así que trabajo y campo, fueron las palabras que quedaron encima de los varios montones de piedras que quedaron en el escudo de Anolaima. La presencia de una niña, observando lo que hacia, fue muy agradable, y sorprendente que un militar se aproximo a preguntarme que hacía y para que y al responderle que una obra de arte que habla sobre el trabajo arduo de los campesinos, me dijo: tranquila continúe, solo que todos en la plaza la están observando. Hasta ese momento me entere que las personas de la plaza, estaban intrigados con lo que sucedía. Finalmente deje las piedras en el lugar y nos marchamos de la plaza.

 

La residencia es una espacio de convivencia y producción artística, donde la preparación de los alimentos, la degustación de los mismo, la conversación y el convivio, permiten la libertad del proceso creativo, a partir de ciertos elementos naturales que son los detonadores de la producción del performance art. El contexto rural, cuenta también con un amplio panorama para la exploración del cuerpo en situ, aunado al uso del infra fino[1], concepto utilizado por Marcel Duchamp, que ofrece un mejor reconocimiento del contexto físico.

 

Gracias ACCIONArar

Esmeralda Pérez González Tamiz

México Distrito Federal

14 de septiembre de 2013



[1] En presencia de una obra de arte se vuelve o se resignifica un estado olvidado, un punto que nos es dado como ciego. Pero en el caso de este artista es confuso, dado que no le reconocemos por su pincelada, por la reiteración de las formas, o algún patrón del carácter de lo figurativo lo que nos lleva a relacionarlo, sino justamente por la ausencia de ello, por el carácter de lo a-estético, de lo inacabado, de lo “infrafino”, es decir también de lo invisible.

El punto ciego es el punto por donde conocemos, lo que nos permite la adquisición de mundo, es una ceguera parcial que funciona como un marco, un recorte, una perspectiva, dentro de la que se construye una gramática, y organiza una sintaxis que depende del cuerpo, o sea del punto de vista.

 

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