NIZAR

Por Santiago Cao


Presos de la vista, ni siquiera lo ya-visto nos pone a salvo del embate de la publicidad y el Consumo por ella inducido. “Culo veo, culo quiero” era una frase que mi abuela me repetía con frecuencia cuando yo quería algo que mi hermana estaba teniendo. Y los publicistas aprendieron muy bien esta lección, ofreciendo hasta la propia “C” y las letras subsiguientes a un mercado de sujetos que, enseñados a consumir sin pensar en el deseo propio, se tornaron poco a poco en un vacío a ser llenado y rellenado con el deseo ajeno, y el engaño del deseo propio que busca poder dominar eso otro deseante, introyectándolo al consumirlo.

La vista, sentido privilegiado en esta sociedad visual, se constituyó en nuevos orificios desde donde introducir(nos) al consumo. Cuencas oculares son al fin y al cabo algo más que huecos en el cráneo. Son también orificios por donde la información ingresa. Pero en un sentido unidireccional, estos huecos se asemejan a los llamados Agujeros Negros del espacio sideral que absorben la luz que llega hasta ellos sin luego dejar escapar nada hacia fuera. ¿Serán nuestros cuerpos esos espacios tras los Agujeros Negros? ¿Cuánto podremos absorber de este embate publicitario sin producirse finalmente una implosión que expulse violentamente toda esta masa de información visual, expulsándonos también a nosotros mismos fuera de nuestro cuerpo?

El olfato, en cambio, en nuestra sociedad occidentalizada es considerado un sentido de menor jerarquía si se lo compara con la vista. El Ser Humano, a diferencia de otros animales, ha desarrollado la capacidad visual en detrimento de este último. ¿Será entonces una opción al consumo, el volver a ejercitar este sentido atrofiado?

Nizar, primacía del olfato  como medio y puente hacia lo Otro. Hacia lo otro como persona, lo otro como alimento, lo otro como bebida. Un medio hacia aquello fuera de nosotros, en un camino cuyo sentido es opuesto al de la vista. Si aquella operaba como Agujeros Negros que todo lo absorbían, el Nizar en cambio implicará un movimiento de salida, un “ir hacia” y en busca de sus olores para, con la nariz casi tocándole, captarle en su esencia móvil, en sus emanaciones en tránsito, en sus múltiples modos de ser olida. Nizar, como besar pero con la nariz; y al igual que cuando se besa, luego de hacerlo, aquello besado quedará allí, fuera de nosotros, como algo imposible de ser apropiado y consumido. Nizar la comida antes de comerla; tan antes que nunca se llegue al acto de meterla en la boca. Nizarla, no desde el sufrido ayuno, el vacío, la ausencia o la negación, sino desde la afirmación de lo Otro, desde el acto lleno y llenador de introducir su olor en nuestro cuerpo, llenándonos de él pero respetándole en su existencia. El Nizar como alternativa al consumo y como propuesta de encuentro con aquello otro que también puede y debe quedar fuera de mí poder de dominación.